SIN REGRESO

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SIN REGRESO

Adrien Brody interpreta a Peter Bower, un psicólogo que está intentando rehacer su vida junto con su esposa después de haber perdido a su hija en un accidente. Desde el minuto tres de la película lo vemos cabizbajo, caminando a su consultorio para atender a sus pacientes, los cuales tienen una pequeña particularidad… todos fallecieron en 1987. Y no, no es spoiler, pues está en la trama oficial de la película. Así que Peter tiene que indagar en su pasado para encontrar la razón de la visita de estos fantasmas y su conexión con ese año para descubrir que los traumas con los que ha lidiado toda su vida son mucho más complejos de lo que recuerda.

Desde su sinposis escrita, Sin regreso hace referencia, o mejor dicho, copia elementos de clásicos como las películas de Jason Bourne o Memento, o no tan clásicos, pero con una trama parecida sobre fantasmas y traumas como Regresión (Alejandro Amenábar, 2015) y Almas pasajeras (Rodrigo García, 2008), pero sin la emoción e incertidumbre que éstas provocaron en su momento. El protagonista tiene que regresar a los lugares que marcaron su infancia para recobrar los recuerdos perdidos, pero la manera en la que se presentan estas regresiones obvian tanto lo que va a suceder, que cuando se revela el verdadero misterio no es sorpresivo. En Identidad desconocida el espectador acompaña al personaje de Jason Bourne paso a paso a resolver los misterios y atar los cabos sueltos, al mismo tiempo que la película está llena de secuencias de acción que no te dejan descansar. En Memento, la historia está contada de atrás para adelante y el protagonista crea un sistema para recordar usando fotografías instantáneas. La acción en Sin regreso comparada a estas dos, está en slow motion, o lo que es lo mismo: es muy lenta. Y aclaro, no estoy diciendo que es necesario que una película tenga escenas de acción para mantener al espectador a la orilla de su asiento, porque lo puede retar y hacerle reflexionar de otras maneras, con la trama, con las actuaciones o con el mensaje. El problema es cuando nada de esto destaca. Quizá por eso hay momentos en los que uno deja de poner atención y se fija aún más en las carencias de la película. Por ejemplo, la música que suele ser una ayuda para crear momentos de tensión, aquí sólo es una distracción e incluso una molestia. Sí acompaña algunos sustos, pero en otros momentos se vuelve un ruido de fondo que no se fusiona con la narrativa.



 

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